Italia
- 25 jun
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Fué un viaje que tenía en mis sueños.
Tal vez por mi mamá, tal vez por alguna memoria de otras vidas (luego descubrí que así es)... viajar a Italia era importante. Y lo fué.
Planeé este viaje con mis hijos con más de 1 año de anticipación, con algo de ansiedad pues significaba un gasto grande, pero mis ganas de llevar a mis hijos a Italia y grabarles en sus mentes este viaje, era más grande que mi ansiedad.
Viajamos el 24 de marzo de 2026. Comenzamos en Milán luego en carro casa a Lago Como (Varenna), Venecia, Florencia, Roma y Nápoles. Pasamos por todos los climas, visitamos todas las hermosas calles, conocimos su gastronomía, fuimos a todos los museos que pudimos en cada ciudad. Me sorprendió gratamente que tanto Emilio como Mateo son culturalmente inquietos. Buscaban en chat gpt cada obra que miraban y escuchaban su historia, siempre querían ir a los museos y jamas me pidieron salir de ellos. Los caminaron todos.
En Nápoles visitamos el parque arqueológico de Pompeya. Era un lugar que yo ansiaba visitar, mas que Venecia, Florencia o la mismísima Roma. Algo allí me llamaba fuerte y claro.
Wow. No tengo palabras. Quería recorrer todas sus calles, quería entrar a todas las casa, o las ruinas de todas las casas, quería tocar todos los muros, quería respirar profundamente su aire, quería cerrar mis ojos e imaginar multitudes de personas en sandalias y ropas sencillas caminando a mi lado, hablando, comiendo en los termopolios, los sonidos de las carretas.
Pompeya es enorme y sigue creciendo a medida que continúan descubriendo mas y mas. Estuvimos caminando por mas de 4 horas y solo logramos ver un pequeño pedazo. A mi me quedo faltando, hubiera querido volver todos los días, me faltaron calles, mosaicos, templos. Cuando llegamos a visitar los cuerpos encontrados, entre con un inmenso respeto y en silencio. Tal vez ustedes, mis lectores, no me crean, pero les juro que sentí su angustia de saber que algo horrible estaba sucediendo y el espantoso miedo de no poder hacer nada. Que dolor.
Recuerdo que durante toda mi estadía en Nápoles mis ojos buscaban en todo momento al monte Vesubio, no entiendo porque podía sentir un amor gigantesco por ese volcán, era como si mi alma lo quisiera rodear con unos enormes brazos y abrazarlo todo. Lo buscaba mientras manejabamos de un lugar a otro y me quedaba hipnotizada a través de las ventanillas del carro. Pensamos en subir y caminar por el, pero en mi corazón se sintió casi como un irrespeto pisarlo. No fui capaz y lo admiraba y lo amaba de lejos. Vesubio se quedo en mi corazón (O siempre lo estuvo)
Visitamos varios pueblos de la costa amalfitana. Hermosos todos y cada uno de ellos, Positano, Amalfi, Sorrento. Todos con una atmósfera tranquila, relajada, colorida y alegre.
Viajar con mis dos hijos fué un regalo de la vida, fué una de las bendiciones mas grandes que he recibido, una alegría que iluminó mi alma como un enorme sol. Nos reímos como unos locos, caminamos como unos desquiciados, entramos a cada pequeña tiendita que nos encontrábamos, absorbimos toda la cultura que Italia nos ofreció, comimos toda la pasta que vimos, nos memorizamos todas esas calles de pequeños adoquines cuadrados, todas las tallas de mármol de todas las fuentes. Ojala pueda visitar otro país con ellos.




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